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Su-35 rusos y otros aviones de combate fueron interceptados sobre el mar Báltico tras violar las reglas de vuelo de la OTAN.
Cazas de la OTAN desplegados como parte de la misión Baltic Air Policing interceptaron una formación aérea rusa que incluía cazas polivalentes Su-35 junto con aviones de combate Su-30 y MiG-31 después de que volaran cerca del espacio aéreo de la OTAN sin planes de vuelo adecuados ni transpondedores activos. Las aeronaves rusas, rastreadas por radar de la OTAN, fueron identificadas cuando se aproximaban al espacio aéreo adyacente a Estonia y Lituania, lo que llevó a cazas aliados a despegar de alerta y establecer contacto visual para vigilar los movimientos de la formación. Portavoces de la OTAN dijeron que la interceptación se realizó en espacio aéreo internacional, pero subrayaron que la falta de comunicación por radio, códigos de transpondedor y planes de vuelo elevó las preocupaciones de seguridad y de guerra híbrida entre los estados de la alianza. Funcionarios de defensa estonios y lituanos reiteraron que ese comportamiento de vuelo, especialmente por parte de cazas avanzados como el Su-35, pone a prueba los tiempos de respuesta y la preparación de la defensa aérea de la OTAN, incluso cuando no se registra oficialmente ninguna violación formal del espacio aéreo. Los cazas aliados acompañaron a la formación rusa hasta que regresó hacia Kaliningrado y regiones fronterizas rusas, tras lo cual se retiraron. Funcionarios de defensa de la OTAN enfatizaron que estas incursiones y aproximaciones cerca del espacio aéreo territorial aliado encajan en un patrón de tácticas de presión híbrida que combinan tanteos militares con una intención ambigua por debajo del umbral del conflicto convencional. La presencia de cazas Su-35S, incluidos algunos de unidades acrobáticas o de demostración reutilizados para misiones operativas, subraya la práctica de Moscú de desplegar sus plataformas aéreas modernas de maneras que pueden generar incertidumbre entre los miembros de la OTAN. El Ministerio de Defensa de Rusia niega rutinariamente las violaciones y describe sus vuelos como entrenamiento rutinario o tránsitos en zonas internacionales, aunque la ausencia de comunicación transparente ha provocado repetidas protestas aliadas.
Puntuaciones E/M/R/S
- EExistencia0/4 · Sin evaluar
- MIntención0/4 · Sin evaluar
- RVínculo con actor ruso0/4 · Sin evaluar
- SResponsabilidad del Estado ruso0/4 · Sin evaluar
Hechos
Sin hechos
Fuentes
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- Rol
- discovery_lead
- Fecha
- 2025-09-30T19:28:09Z
NATO fighter jets deployed as part of the Baltic Air Policing mission intercepted a Russian aerial formation that included Su-35 multirole fighters along with Su-30 and MiG-31 combat aircraft after they flew near NATO airspace without proper flight plans or active transponders. The Russian aircraft, tracked by NATO radar, were identified approaching the airspace adjacent to Estonia and Lithuania, prompting allied fighter jets to scramble and establish visual contact to monitor the formation’s movements. NATO spokespeople said the intercept was conducted in international airspace but stressed that the lack of radio communication, transponder codes and flight plans elevated safety and hybrid-warfare concerns among alliance states. Estonian and Lithuanian defence officials reiterated that such flight behaviour – especially by advanced fighters like the Su-35 – tests NATO air-defence response times and readiness, even when no formal airspace breach is officially recorded. Allied jets accompanied the Russian formation until it returned toward Kaliningrad and Russian border regions, after which they stood down. NATO defence officials emphasised that these incursions and approaches near allied territorial airspace fit a pattern of hybrid pressure tactics that blend military probing with ambiguous intent below the threshold of conventional conflict. The presence of Su-35S fighters – including ones from aerobatic or demonstration units repurposed for operational missions – underscores Moscow’s practice of deploying its modern air platforms in ways that can generate uncertainty among NATO members. Russia’s Defence Ministry routinely denies violations, describing its flights as routine training or transits in international zones, though the absence of transparent communication has repeatedly drawn allied protests.